sábado, 9 de julio de 2011

Proyecto SANPANI

Formación sanitaria en el cole.

Diagnóstico de la situación
Controlar los factores de riesgo para la salud podría prevenir millones de muertes. "Sólo cinco factores de riesgo son responsables de 15 millones de defunciones cada año" (Comunicado de prensa de la Organización Mundial de la Salud, 27 Octubre de 2009). Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la esperanza de vida aumentaría si se afrontaran los factores de riesgo que afectan a la salud. Algunos de los cuales se basan en "comportamientos” y "hábitos” relacionados con la higiene.


Muchas muertes y enfermedades verían reducida su magnitud e incidencia, incluso desaparecerían si ya desde la infancia se es consciente de su existencia y prevalencia en la sociedad.El conocimiento de la mayor información posible, adaptada a la edad y al nivel de comprensión del/la niño/niña facilita la promoción de una vida saludable y libre de complejos socio-sanitarios.


Incluyendo contenidos sanitarios en la educación infantil se asegura un compromiso con la higiene y la salud desde muy temprano en el individuo, lo que ayuda a crear una cultura socio-sanitaria fuertemente arraigada en las personas.


La toma de decisiones de sentido socio-sanitario comienza a una edad temprana. Ya en edad escolar, cuando nace la convivencia con compañeros de la misma edad en centros educativos o centros sociales/ culturales, los niños y niñas se encuentran con personas de su misma edad que sufren enfermedades o situaciones socio-sanitarias con cierto riesgo de exclusión social. Enfermedades como la diabetes y la celiaquía no permiten que niños y niñas jueguen tranquilos si han de compartir comida. Ya sea el momento del recreo en el colegio o la celebración de un cumpleaños, celiacos y diabéticos requieren la atenta vigilancia de un adulto para no correr riesgos en el trato con sus compañeros que hagan peligrar su integridad. La persona enferma (el niño o niña en éste caso) es consciente de la enfermedad que sufre, normalmente informado por su familia o personal sanitario que le atiende, sabiendo cuáles son los riesgos que corre y qué medidas ha de tomar al respecto. Pero los niños y niñas no afectados por la enfermedad, con los que la persona enferma ha de compartir la mayor parte de su día a día no son conscientes si quiera, en muchos casos, de que esa persona está enferma. Ésta situación incrementa exponencialmente los riesgos a los que la persona enferma está sometida y además deja espacio a la mala interpretación, la crítica, los prejuicios y finalmente: la exclusión social del modo que fuere.

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